Eduardo Roca Salazar (Choco) - por  Victor Casaus

 

       
     Eduardo Roca Salazar (Choco), uno de los jóvenes maestros de la plástica cubana, nació en Santiago de Cuba en 1949.  Graduado de la Escuela de Instructores de Arte y de la Escuela Nacional de Arte, realizó estudios en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana.
     Ha impartido cursos de postgrado, de técnicas de grabado y colagrafía en instituciones académicas de Santiago de Cuba, Galicia y Palma de Mallorca.
     Ha realizado, desde 1976 hasta hoy, más de una veintena de exposiciones personales en galerías cubanas y de otros países: Suecia, Estados Unidos, México, España, Colombia y Japón.
     Sus obras han sido premiadas varias veces en los salones organizados por la Unión Nacional de Escritores y Artistas (UNEAC) y ha obtenido premios en  eventos internacionales celebrados en Bulgaria y España. En el año 2000 ganó el Primer Premio en la Bienal de Grabado de Kochi, Japón.  En ese mismo año se organizó en La Habana la exposición Sorteando los caminos, para festejar el cincuentenario del nacimiento del artista.
     En mayo de 1997 participó, junto a una veintena de destacados artistas plásticos cubanos,  en la Exposición Una obra para Pablo, y contribuyó con la donación de una pieza al desarrollo de los proyectos del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, de La Habana.
     A continuacion te envio las palabras del catalogo de la exposicion  DE MUROS Y TRANSPARENCIAS, que se hizo en nuestro Centro Cultural:

PALABRAS PARA CONTINUAR

     De la levedad a la fuerza, de la indagación a la sonrisa: así se mueve  estas obras de Eduardo Roca, quiero decir, del "Choco", que ahora seexponen en la Sala Majadahonda del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.
    
No es extraño que  la caracterización de este conjunto comience con esas palabras.  La levedad atraviesa silenciosa y sabiamente las transparencias, la fuerza se expresa de manera rotunda en la confrontación del hombre con los muros.  Y el movimiento se (pre)siente en ese devenir de los contrastes y en el interior de cada pieza.
     A esas categorías que apuntan sin rubor hacia la trascendencia, se unen aquí otros valores que han transitado la obra de este joven maestro de nuestra plástica.  Así "El solar" y  "El globero" traen la mirada desde y hacia lo popular: la misma pupila que este santiaguero imaginativo y laborioso ha venido poniendo a lo largo de su intensa obra sobre las cosas que le rodean, sobre las cotidianidades de la calle, para devolvérnoslas,mago sin chistera, en ese acto de transmutación y de poesía que todo arte verdadero desata.
     Ese camino entre el concepto y la crónica, entre la pregunta y el humor, convive además con la sensualidad de los abrazos y de la imagen esplendorosa de la mujer --otra dimensión de la fuerza que el artista conoce y revela en trazos que parecen traer el eco de ciertos poemas, memorables y eróticos, de Nicolás Guillén.
     La trayectoria estética de Choco puede seguirse, a lo largo de más de veinte años, en exposiciones colectivas y personales, en premios y talleres, en ese proceso, doblemente creativo, de dar y recibir, de ofrecer y rescatar, que conforma, por otra parte, una ética artística que compartimos y valoramos en la intensidad humana de sus alcances.  Ese sistema de valores se funda, para nuestra suerte y la suya, en el dominio de la técnica.  Aquí están, para confirmarlo, estos mundos re-creados en las colagrafías y estas re-construcciones que el artista ha realizado en los dibujos tomando como punto de partida impresiones no terminadas de obras anteriores.  En estas obras se reciclan materiales y sueños, como debiera suceder en la vida misma, como a veces sucede en la vida misma.  La certidumbre de la técnica está puesta aquí al servicio de la necesaria incertidumbre ante la obra artística.  No hay arte sin adivinaciones y estas imágenes que el "Choco" nos propone apelan a nuestra sensibilidad y a nuestra inteligencia para entrar en ese juego imprescindible, impredecible.
     Bienvenidas sean entonces estas obras, con sus levedades y su fuerza y su movimiento, en el camino hacia el fin del milenio que se anuncia en uno de los títulos.  Nos sentimos felices de que esta Sala Majadahonda ya sea un momento en ese camino del artista, por el que transitan la belleza y esa forma de la esperanza en el mejoramiento humano que hoy nos gusta llamar ética.
      Por todo ello, estas son, como ven, unas palabras para continuar.

                                                                                            Victor Casaus



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