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PROJETOS PARA UM DIA DE PAZ
Affonso
Romano de Sant'
Anna
Um leitor idealista me sugere lançar uma campanha antiviolência, um
enorme apelo pela paz, propondo que, num determinado dia, todos saiam à rua de
branco. De branco vestidos faríamos consistente e suave protesto contra todas
as tonalidades do mal.
Gosto
da idéia. E, avançando um pouco mais começo a delirar.
Deveria-se organizar um dia, quando o
vestir-se de branco seria apenas um dos gestos de pacificação. Este dia
deveria cair no meio da semana. Nunca aos domingos. Pois é no cotidiano que
temos que treinar o amor.
Sim, um dia simbólico em que a
violência estaria riscada de nossos gestos. Neste dia os ladrões se absteriam
de assaltar bancos e casas. Nada de estupro. Ou será que a fúria assassina
não pode esperar um dia sequer?
Neste dia nas delegacias ninguém
apanharia.
Marido não agrediria esposa e o gesto rude contra o filho tomaria a
forma de presente.
E já que é um dia sem violência, os bancos teriam que suspender os
juros.
Os amantes, sim, deveriam fazer juras imensas investindo no amanhã.
O mar viria em ondas calmas, nada de arrebentação.
O vento seria tênue brisa, nada de frente fria tempestuosa. O suficiente
para tocar as velas dos barcos e a alma dos amantes nos parques.
Não, nenhum grito com empregados e subalternos. Não há subalternos
neste dia. Nem neste dia haverá aumento de preços. Nada faltará nos mercados.
Nenhum chofer de táxi enganará o passageiro.
Nenhum médico fará operação inútil, nem haverá tribunal de júri.
Nas sessões de análise, analistas mudos falarão, e alegres descerão
para comer doces com o cliente na confeitaria embaixo.
Não, neste dia não é permitida a melancolia. Até o luto é proibido.
Ninguém poderá morrer. Mas, se alguém estiver muito preparado para isto,
desde a véspera, e achar que a morte é inadiável, então, que se vá ao
enterro, mas sem lágrimas, recordando apenas os melhores momentos que vivemos
com o ex-vivo ao som do "Coro da Alegria" de Beethoven.
Nos jornais, notícias ruins da véspera devem ser contidas. Nenhuma
guerra ou explosão, mesmo porque os terroristas estariam em repouso com a alma
que só os pastores têm.
Nenhuma notícia amarga. Nenhuma traição. Nas praças,
rádios e tevês, as músicas reforçariam os mais harmônicos sentimentos. Nada
de música baixo-astral.
Sei que os ressentidos, os que não sabem lidar com as suas emoções
positivas, vão dizer:
isto está piegas demais. Não se intimidem. Cuidado com as pessoas que
tem medo da emoção. Da emoção nossa e deles, porque a vida deles é um
horror. E os repressores gostam muito de trabalhar com a lógica.
Não adianta. Neste dia só serão admitidos gestos gratuitos,
desinibidos, nada de segundas-intenções. Quem há muito pensou num gesto
de aproximação que o faça, quem pensava em pedir desculpas, peça perdão.
Será que o homem entraria em pânico se tivesse que viver em estado lúdico
de amor puro?
Será que inventamos o purgatório porque abominamos o Inferno, mas, também
não suportamos o Céu?
Não
se trata apenas de reprimir a violência, mas de desreprimir o amor.
Nos anos 70, quando encenávamos no Rio a peça Hoje
é dia de rock, a platéia ía vestida de branco e trocava flores com atores
e entre si. Era juvenil, era bonito, enquanto lá fora comia solta a repressão.
Nos
Estados Unidos, nos anos 60, ocorriam os love-in:
imensas sessões de amor nos parques aonde todos íam magicamente vestidos doar
qualquer coisa: uma maçã, um gesto qualquer de amor.
Durante
as guerras as tropas costumavam ter algumas horas ou dias de trëgua nos dias
sagrados. E um vez, em 1917, me contaram ou inventei, franceses e alemães
saíram de suas trincheiras no dia de Natal para celebrar, pelo menos por um
dia, a adiada paz.
Desse grande acontecimento público contra a violência e a favor do
amor, cientistas sociais recolheriam farto material de estudo, sobre o qual teríamos
de meditar.
E à noite, depois de vivermos o indiscriminado amor, tomaríamos o corpo
amado prolongando noite adentro um momento de utopia, sonhando, quem sabe? que
depois de ter provado o amor durante um dia inteiro, o amor entre nós pudesse
de novo
acontecer.
1986

PROYECTOS PARA UN DIA DE
PAZ
Affonso
Romano de Sant'
Anna
Un lector idealista me sugiere que lance una campaña anti-violencia, un
enorme acto por
la paz, proponiendo que, en un determinado día, salgan todos alla calle
vestidos de blanco. Vestidos de blanco haríamos una suave pero consistente
protesta en contra de todos los matices del mal.
Me gusta la idea. Y, avanzando un poco más, empiezo a delirar.
Debería organizarse un día, cuando vestirse de blanco fuera apenas un
de los muchos gestos de pacificación. Este día deberá situarse al medio de la
semana. Jamás los Domingos. Pues, es en el cotidiano que tenemos que
entrenarnos en el amor.
Si, un día simbólico en que la violencia quedara eliminada de
nuestros gestos . En esse día los ladrones se abstendríam de asaltar bancos y
casas . Nada de violaciones? O sera que la furia asesina no puede esperar ni
siquiera un día?
En este día nadie maltrataría los presos.
Los maridos non agredirían sus esposas y el gesto brusco contra el hijo
tomaría la forma de un regalo.
Y ya que sería un día sin violencia, los bancos tendrían que suspender
los intereses.
Los amantes, si que que tendrán que hacer grandes promesas invertiendo
en el futuro.
El mar vendría en calmas olas, sin resacas.
El viento sería una suave brisa, sin traer tempestades. Lo suficiente
para inflar las velas de los barcos y y el alma de los amantes en el parque.
No, nada de gritos com empleados o subalternos en ese día. No habrá
subalternos este día. En este día no habrá aumentos de precios. Nada faltará
en los mercados.
Ningún chofer de taxi engañará a sus pasajeros.
Ningún médico hará opraciones inútiles, ni habrá juicios.
En las sesiones de análisis, los analistas mudos hablarán y alegres
irán a comer dulces com los pacientes en la confitería de abajo.
No, en este día no está permitida la melancolía. Hasta el luto sertá
prohibido. Nadie podrá morir. Pero si alguien estuviera muy preparado para eso
desde el día anterior, y creee que la muerte es impostergable, entonces que se
vaya a su entierro, pero sin lágrimas, recordando apenas los mejores momentos
que vivimos com el ex-vivo al son del "Coro de la Alegria" de
Beethoven.
En los diarios, malas noticias del día anterior non serán publicadas.
Ninguna guerra o explosión, porque los terroristas estarían en reposo com el
alma que sólo tienen los pastores.
Ninguna notticia amarga, ninguna traición. En las plazes, radios y
televisiones la música reforzaría los sentimientos más harmónicos. Nada de
música deprimente.
Sé que los resentidos, los que no saben manejar sus emociones positivas
dirán: Esto es ridículo. No se intimiden. Tengan cuidado com las personas que
le tienen medo a las emociones. De sus emociones y de las nuestras, porque sus
vidas son un horror. Y a los represores les gusta mucho trabajar com la lógica.
És inutil. En esse día sólo se admitirán gestos gratuitos,
deshinibidos, nada de segundas intenciones. Quién hace mucho pensó en un gesto
de reconciliación, que lo haga, el que quería pedir desculpas, que pida
perdón.
?El
hombre entraría en pánico si tuviera que vivir en estado lúdico de amor puro?
Habremos inventado el Purgatorio porque abominamos el Infierno, pero
tampoco suportamos el Cielo?
No se trata sólo de reprimir la violencia, sino de desreprimir el amor.
En los años 70, cuando en Rio se motaba la obra Hoy
es día de rock, la platea iba vestida de blanco y se intercambiaban flores
entre si y los actores. Era juvenil, era lindo, mientras en el país se vivía
el auge de la represión.
En los Estados Unidos , en los años 60, ocurrían los love-in:
inmensas sesiones de amor en los parques donde todos iban vestidos mágicamente
para donal alguna coisa: una manzana, qualquier gesto de amor.
Durante las guerras, las tropas suelen tener algunas horas o días de
tréguas en los días sagrados. En una ocasión, en 1917, me contaron o lo
inventá,franceses y alemanes abandonaron sus trincheras para celebrar en
Navidad, por lo menos um día, la paz tan postergada.
Este gran acontecimiento público contra la violencia y a favor del amor
sería para los sociólogos material de estudio sobre lo cual tendríamos que
meditar.
Y en la noche, después de vivir un amor desenfrenado, abrazaríamos el
cuerpo amado prolongando así en la noche un momento de utopía, soñando
quizás, que después de haber probado el amor durante
un día entero, el amor pudiera nuevamente suceder entre nosotros.
1986

PLANS FOR A DAY OF PEACE
Affonso Romano de Sant'Anna
An idealist reader has suggested that I launch a campaign against
violence, a great movement for peace, by proposing that, on a certain day,
everybody go out to the streets wearing white. In white, we would show a
consistent yet
gentle protest against all the shades of evil.
I like the
idea. And, on going a little further, I start to fantasize.
A day should de established when wearing white clothes would be only one of the
many gestures of reconciliation. This day shoul be in the middle of the week.
Never on Sundays. For love must be practised in our daily life.
Why not a symbolic day in which violence would be
banned from our gestures. On this day, thieves would refrain from robbing banks
and houses. No rapes. Or can't the murderous fury wait
one day only?
On this day, no one would get beaten in the
police stations, reproaches of sons would take the shape of presents.
And since it is a day of no violence, the banks
would have to suspend
the interest rates.
But
lovers would have to make enormous pledges for tomorrow.
The sea would break in peaceful waves.
The wind would be a soft breeze, no cold fronts or
thunderstorms. Only soft enough to stir the sails of the boats and the souls of
the lovers in the parks.
No,
no shouting at maids and servants. There are no servants on this day.
No increase in prices. There will be no shortage
of anything in the markets.
No
taxi-driver shall deceive the passenger.
No
doctor shall make unnecessary operations, nor will there be courts of
justice.
In the psychoanalysis sessions, speechless
analysts shall speek and, cheerfully, they will go down to the sweet-shop to eat
sweets with their clients.
No, on this day, melancholy shall be forbidden.
Even mourning will not be allowed. No one shall die. But if anyone has been
ready for it since the day before, and believes that death is undelayable, then
we shall go to the funeral, but no tears, only the memory of the best moments we
lived with the dead, to the sound of Beethoven's "Choir of Joy".
In the newspapers, bad news from the day before
must be stopped. No war or bombs, because even the terrorists would be resting
with souls only found in shepherds.
No
bitter news. No treason. In the squares, radios and tvs, the songs would enhance
the most harmonious feelings. No gloomy music.
I
know that the resentful, those who cannot handle their positive emotions, will
say: this is far too sickly sweet. Do not get discouraged. Beware of people who
are afraid of emotions. Of our emotion and theirs, because their life is
dreadful. And repression is very keen to work with logic.
It's no use. On this day, only spontaneous
gestures will be allowed, uninhibited, no second intentions. Whoever has thought
of getting closer to someone for a long time shall do it now, whoever was
thinking of apologizing, shall ask for forgiveness.
Would
man panic if he had to live in a playful state of pure love?
Have
we invented Purgatory because we abhor Hell, and cannot bear the idea of Heaven?
It
is not only a matter of repressing violence, but also releasing love.
In
the 70s, when the play Hoje é dia de Rock
was on in Rio, the audience used to wear white and exchange flowers with the
actors and among themselves. It was juvenile, it was beautiful, while outside,
repression was all over.
In
the United States, in the 60s, there were the love-ins:
love sessions in the parks where all went magically dressed to give away
something: an apple, or any gesture of love.
During
the wars, the troops usually have a few hours or days of respite on the sacred
days. And once, in 1917, I was told or I made it up, Frenchmen and Germans left
their trenches on Christmas day to celebrate the postponed peace at least for
one day.
Of
this great public event against violence and in favour of love, social
scientists might gather abundant material for studies, which we woul have to
meditate upon.
And
at night, after having lived the indiscriminating love, we would get hold of the
beloved body and continue this moment of utopia throughout the night, dreaming,
who knows, that after having experienced love during a whole day, love among us
might happen again.
1986
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